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domingo, 30 de agosto de 2009

THE EYE OF THE MIND

Cuando llevaba ya unos minutos viendo Madame Tutli Putli (el nombre deriva de una expresión hindú que alude al mismo tiempo a una marioneta y a una mujer delicada) algo empezó a inquietarme. Salta a la vista que la animación es poderosamente fluida y veraz, pero no queda del todo claro el porqué. Digamos que el lenguaje corporal y la expresión del rostro de la protagonista derrochan una humanidad que queda bastante lejos del alcance del stop-motion convencional. En todo caso, el personaje me seguía pareciendo muy real. A veces tenía la impresion de estar viendo una figura humana pasada por el rotoscopio y atrapada posteriormente en un grácil muñeco, constituido en el continente del alma de un ser viviente, palpitante. Más tarde caí...Los ojos de la chica, ¿eran reales? Eran humanos, de verdad, nada de cartón-piedra. La técnica consiste en filmar los ojos de una persona y superponerlos sobre el muñeco en cuestión. Hay antecendentes con la boca, pero es la primera vez que me cruzo con una obra en la que se aplica a los ojos. La técnica es muy similar, pero el resultado dista bastante, tanto que el sólo hecho de introducir una mirada humana dota a la animación de una calidad poco frecuente. Vale aquí todo esto de que la cara es el espejo del alma; más bien los ojos, porque sólo con ellos la visión del rostro de la protagonista produce una inquietud y un desasiego dificil de olvidar. "Incómodo" sería el adjetivo adecuado. Vemos un ser inerte, un muñeco de trapo, con la certeza de que es un objeto sin vida; sin embargo, algo en su fisonomía desafía este presupuesto. Es como tener una muñeca entre las manos y ver de repente que sus ojos se mueven como los de una persona. Sus ojos hacen que parezaca real. La ilusión de la vida, "illusion of life" (que para algunos es la verdadera razón de ser de la animación), aquí es casi prácticamente total, un verdadero triunfo. Más allá de una animación bien elaborada (pero que no habría bastado por sí sola para lanzar el puñetazo al espectador; con todo, el corto les llevó a sus autores cinco añitos), Madame Tutli Putli viene a demostrar que en términos de percepción visual la suma no equivale a las partes. No es necesario elaborar un complejo y ultradetallado proceso de animación que imite al mundo "real" (sensorial, material...) para hacer que el objeto animado "parezca" real (i.e.: Beowulf, Final Fantasy, etc.), del mismo modo que para convenir, no el movimiento, sino la sensación de movimiento, tampoco es necesario reproducir hasta el último detalle ( nos basta con ver cualquier escena de lucha del último anime; si el animador es bueno, uno puede sentarse a ver la escena fotograma a fotograma y comprobar que muchos de ellos son apenas una líneas, unas siluetas, unas formas insinuadas, bocetos a medio terminar que, puestos en sucesión, crean la impresión de la velocidad, del movimiento frenético, de la lucha; bien es sabido que cuanto más detallado sea un dibujo más retiene el ojo y, por tanto, más ralentiza la acción y la sensación de movimiento). Así que el éxito está en los pequeños detalles, en la habilidad del animador para engañar a la retina, en la compresión del funcionamiento de la percepción del ojo, de cómo aprehende y procesa los estímulos y la información, y de cómo los interpreta. Creo que esto lo da la intuición y el talento, o el talento intuitivo.
El otro punto que quiero comentar es el de la interpretación. Tal y como yo lo vi, Madame Tutli Putli no significa realmente nada. Me parece una obra hecha para reproducir un cierto estado de ánimo que se me mece entre la tristeza, el misterio y el desasosiego, trufado con un cierto optimismo. Es mi impresión, por supuesto, y cada cual tendrá la suya. Como la mayoría de la animación de calidad, especialmente en el terreno del cortometraje, exhibe una clara voluntad emotiva en lugar de intelectiva. No hay mucho que entender, se trata más bien de dejarse llevar sin hacerse muchas preguntas y de sentir. Un poco como en el cine de vanguardia, o como en Larry Jordan, por citar un animador al azar. De todos modos, si uno no se queda contento, siempre puede acudir a imdb y empaparse de las intepretaciones que se balancean en la página cual monos de zoo agitando sus genitales ante los visitantes (buff!). Las hay mejores y peores. No suelo interpretar las obras que comento, realmente no me gusta y además me falta talento y capacidad analítica. Para mí resulta evidente que la mayoría de las interpretaciones están hechas por espectadores y rara vez por creadores, no al menos por los de altura. El consumidor de ficción suele ignorar el hecho de que en la 90% de las ocasiones el proceso creativo avanza a trompicones, renqueante, totalmente descordinado y encomendando buena parte al azar, a la inspiración y a la improvisación. En muchas ocasiones la cosa empieza con una imagen o con una serie de ellas. Luego llega el artista, que se ha enamorado de esa visión, de esa escena, de ese personaje, e intenta darle una cierta coherencia a todo para poder meterlo y hacerlo encajar. Coherencia en términos narrativos (presentación-nudo-desenlace), que no de significado. Hay muchas cosas que terminan en una obra simplemente porque se han ganado el afecto del artista. Hay otras que están ahí porque simplemente encajan en su mente, son coherentes y tienen su justificación, aunque el lector/espectador/oyente nunca llegue a entender muy bien el porqué. Entra en escena entonces nuestra cabeza dotada de un cierto razocionio y capacida analítica y empieza a dotar de significado a cada cosa para poder armar su propio película, que rara vez coincide con la del autor, digamos que se trata de una recreación (la del espectador) de una creación (la del animador). En el caso que nos ocupa es especialmente tentador porque hay una serie de elementos, de imágenes, de objetos, que son extremadamente ricos en connotaciones debido a su alto voltaje simbólico: el viaje, el tren, las maletas, el ajedrez, los insectos, la luz, las bombillas, el bosque... Imágenes que se prestan sobradamente a la interpretación, a la búsqueda del significado; y hay poco remedio para esto, me temo, estamos programados genéticamente para ordenar el caos y para buscar relaciones, correspondencias y significados allí donde nos los ahí. Creo que Genaro Talens lo clava cuando escribe a propósito de Un perro andaluz de Buñuel que no hay que buscar el significado sino el sentido. Madame Tutli es un corto muy visceral, en el sentido de que avanza a base de imágenes poderosas y primarias que estrangulan completamente la lógica narrativa de la causa-efecto. Salta a la vista que es el fruto de unos artistas embriagados por la fuerza de unas imágenes que ellos mismo han generado y que constituyen el verdadero armazón del relato (por decir algo de lo que he visto últimamente, un poco como el cine de Shuji Terayama o la última castaña de Lars (von) Trier, alias "Lars von Trier de ti se ríe"); cualquier posible interpretación deberá descartar de antemano la intención de los autores y asumir se hace que a riesgo y beneficio del propio intérprete; así de simple.
Adivina adivinanza: ¿Cuál de estos es "Lars-Von-Trier-de-ti-se-ríe"?
Después de escribir esto me encuentro con unas declaraciones de los autores bastante reveladoras que vienen a confirmar un poco lo que digo (yujuu!!). Con eso y con el corto que cada cual saque sus conclusiones.

jueves, 5 de marzo de 2009

ADULT(ERI)O: EXABRUPTO II

(Viene de aquí)-

APENDICE DESPUÉS DE VER WALTZ CON BASHIR Y FELIDAE: si hay algo que me ha irritado y decepcionado a partes iguales es la resolución de Waltz con Bashir. Lo que empieza como un prometedor estudio de los mecanismos de la memoria ilustrado con secuencias de una belleza lírica desbordante –tres soldados flotando en la noche de la playa del Líbano -, un sabio equilibrio entre lo intelectual y lo emocional, termina en un chantaje emocional en toda regla que echa por tierra en unos segundos todos los méritos acumulados hasta ese momento. ¿Qué significa el metraje de imagen real al final de la película? ¿No es acaso el cine de animación un medio lo suficientemente maduro y eficaz como para conseguir ese mismo efecto sin necesidad de recurrir a la imagen “real”? El recurso es espúreo por un doble motivo: porque traiciona al mismo medio del que se ha hecho servir para plasmar su discurso hasta el momento, el cine de animación, y porque además busca conmover apelando al lado más irracional del espectador. Exigir neutralidad es un asunto tan delicado como éste es una bobada. Lo que ya no me parece tan válido es construir una obra de compromiso – porque, al final, un discurso de un prometedor calado intelectual queda reducido a un lamento con pretensiones pseudos intelectuales – dejando de lado la argumentación en beneficio de otros aspectos más impresionantes y viscerales que poca luz arrojan sobre un tema tan complejo. Al final, se antoja más como una terapia o como una pataleta rabiosa del autor o ambas cosas. La música es fascinante, la elección del color muy acertada, la animación torpe a veces pero muy efectiva, la historia bien contada; lo demás queda en manos del espectador.

Y poco después me encuentro con Felidae, una producción alemana del 94 con estética Don Bluth y tratamiento adulto; a saber: tacos, sexo y vísceras en una compleja historia enmarcada en el género negro. En cierto modo, el contrapunto a The plague Dogs. Los protagonistas son gatos, que poco o nada tienen ya que ver con aquellos parientes remotos de la tradición de los funny animals de Disney. Me la guardo para más adelante. Me parece una película adulta con una propuesta inusitada y original, no tanto por el tema – todo lo contrario que Watlz con Bashir, que se ampara básicamente en la guerra -, trama clásica de asesinato del whodunnit más sucio y callejero con ribetes cifi, sino por la forma de aproximarse, de desarrollar y de resolver el conflicto mismo; sencilla y sólida, sin necesidad de aspavientos ni cucamonas, cien por cien teutona.

miércoles, 25 de febrero de 2009

ADULT(ERI)O: EXABRUPTO A NINGUNA PARTE

No me cabe la menor duda de que en breve las reducidas y selectas muchedumbres de la octava esfera celeste, anglófonas y francófilas en un noventa y ocho por ciento, se harán lenguas de la nueva tendencia en el cine de animación a raíz del recentísimo estreno de Waltz with Bashir para predicar sus excelencias y narrar sus innúmeras industrias. Huelga decir que tal tendencia no es otra cosa que un constructo oportunista alimentado por una visión bien sesgada y carente de perspectiva histórica del panorama que habitualmente nos ocupa y nos embarga por esta parte del blogosferio. Es inevitable y ciertamente tentador tirar del hilo, o de la manta, y retomar la cercana en el tiempo Persepolis y de ahí, de carrendilla, de memorieta, como un salto de fe al vacío o como el que hunde el brazo ciego y tanteador en las tinieblas de la alacena en busca del colador, a sabiendas que no se ha movido del sitio ni un mísero milímetro, enlazar, cuando no engarzar, con La tumba de las luciérnagas, pasando de puntillas o mentando descaradamente sin mucha convicción Azur et Asmar e incluso la mismísima Les triplettes de Belleville. Los más sesudos y románticos no pueden ni quieren dejar estremecidas en el tintero When the wind blows o La Planète sauvage; los filonipones Hadashi no gen y los otakus y doblemente “filo-” Hadashi no gen II o Ushiro no Shoumen Daare?. Esta nueva tendencia, dicho sea de paso, es la del cine de animación orientado al público adulto.

Que el cine de animación está en auge es un hecho innegable. El conflicto, si lo hubiera, y si no lo hay se busca y rebusca hasta dar con él, radica es distinguir entre los países que están experimentando en su seno un surgir de esta industria de aquellos otros que acogen un re-surgir. Francia está a la cabeza de Europa en esto de la animación desde hace unas décadas. No sólo ha expandido su poderío en el terreno comercial y siempre rentable de las series de televisión, sino que además ha sabido mantenerse fiel a sí misma y a su concepción de las artes menores o devaluadas como vehículos de expresión artística de primerísimo orden, valga lo dicho tanto para el cine de animación como para el cómic. Así, la miríada de largometrajes francos que vienen excitando el paladar de los conaisseurs desde hace aproximadamente un lustro, encabezada por Belleville y seguida de Azur et Asmar (financiada parcialmente con capital español), Renaissance, Persélopis o la recién nacida Waltz, que también cuenta con participación francesa, tienen su primer y más importante precedente en Le roi et l´oiseau, la que es sin duda la madre del cordero del cine de animación para adultos pero, al mismo tiempo, el paradigma del tipo de animación que un adulto y un niño pueden sentarse a ver al unísono sin complejos de ningún tipo, el típico discurso que Miyazaki ha hecho santo y seña de su obra y de su proceder, y como remate, sumado a todo esto, ejemplo máximo del largometraje animado como obra de arte total, perenne, inagotable, clásica y moderna a un tiempo, equilibrada y desbordante, que en ningún momento dobla la rodilla antes los excesos vanguardista, preciosistas o los terribles ardores poéticos, solo igualada por Die Abenteuer des Prinzen Achmed de Lotte Reiniger. Francia cuida y mima su legado animado, pionero y vanguardista como pocos, y con el tiempo ha vuelto al lugar que le corresponde en la historia de este mundillo nuestro. Aún parece lejano el día en que en España alguien se anime a recuperar y a dar a conocer nuestro legado, desde Segundo de Chomón hasta el infinito y más allá. En este contexto, India sería el ejemplo opuesto. Un país con un escaso acerbo del que sólo soy capaz de rescatar a Ishu Patel y que muchos señalan como una futura potencia animada en la que los estudios proliferan como setas. Entre Francia y la India, China y - de lejos - Corea.

Separemos desde el principio el corto y el largometraje, por ser dos terrenos bien distintos, con evoluciones dispares. Mientras el primero es un cauce que ha alcanzado sobradamente la madurez, el segundo, en cuyo ámbito se circunscribe este texto, aún nos depara muchas sorpresas – prueba de ello son estas líneas-. Dicho esto, lo siguiente es precisar un poco en todo este tema del cine de animación adulto que parece estar lleno de malentendidos. Si por adulto entendemos un contenido destinado a un público exclusivamente adulto, entonces el porno o el hentai, que cuentan ya con un recorrido de varias décadas, son ya géneros adultos en sí; por supuesto, entran en esta categoría Koushoku Ichidai Otoko y Kanashimi no beradona, formidables exponentes del cine de animación como obra de arte indiscutible (y en un escalón muy infeior Fritz the cat, Dirty Duck y un largo etcétera). Si por adulto entendemos la elaboración de un discurso de una complejidad elevada, ya sea conceptual o puramente narrativa, entonces Ghost in the shell, Tenshi no tamago, Chronopolis, Théâtre de M. et Mme. Kabal o el Ubu et la grande gidouille de Jan Lenica son formidables exponentes, sin desdeñar las gamberradas rotoscopiadas de Ralph Bakshi (Heavy traffic, American pop, Coonskin ...) o las seudoincursiones de Richard Linklater en Waking Life y A scanner darkly. La experimentación formal por sí sola no es un criterio válido, pues si Kanashimi es un film para adultos, nada de lo dicho se puede aplicar a Feherlofia, una historia lineal y sencilla donde las haya, que regala los momentos animados más gloriosos que se hayan visto jamás en un largo. Dentro de este conato de taxonomía, no debemos olvidar el cajón desastre y los cuartos oscuros, en los que tiene cabida tanto el cine para todas las edades, incluyendo la adulta, con Miyazaki y similares a la cabeza, como el cine de animación infantil / juvenil salpicado de escenas no aptas para ojos sin mácula - verbigracia: buena parte del anime, que aún seguimos sin saber muy bien cómo encajar en eso de las edades recomendadas, empezando por El puño de la estrella del Norte, Akira, Urotsukidoji, la obra de Kawajiri o el cine de terror en general, sin olvidar otros casos más desconcertantes, como los especiales para TV que la Toei realizó durante los ochenta, siendo Kyoufu Densetsu - Kaiki! Frankenstein un caso digno de pasar a los anales y crónicas reales por su inquietante uso de la violencia y de las vísceras (ojo a la edición italiana, que viene con un cuaderno de dibujos para colorear) -, o el destinado a un público joven pero jalonado a su vez con algunas escenas de un calado emocional capaz de sobrepasar las expectativas de cualquier niño: ahí está la escalofriante escena cumbre de Nezha conquers the dragon, el final de Anju to zushio-maru o, porqué no decirlo, la irrupción temprana e inesperada de la muerte en Bambi. Tampoco consigo quitarme de la cabeza algunas escenas muy concretas de Blancanieves, que en su día me parecieron de una naturaleza aterradora, ciertamente adulta, o la aparición de ese diablo gigantesco que asoma rotundo sobre la cima de una montaña, poderosamente tétrico y macabro, en el fragmento de Fantasía que ilustra la partitura de Mussorgsky - no olvidemos la vocación eminentemente experimental de la obra de Disney, que tenía en mente lo que se estaba haciendo en Europa por aquel entonces cuando se embarcó en el proyecto-. ¿Y no es acaso Bagi una obra orientada hacia un público adulto? Es difícil imaginar un final más trágico - que el ávido de Tezuka puede recuperar en una de las historias de Midgniht, uno de los últimos mangas de este dios tan particular-. ¿Y qué decir de Ringing bell? Que bajo un falso envoltorio disneyiano -no en vano la productora Sanrio produjo varias cintas, dirigidas por Masami Hata, con una innegable influencia estética del Disney más clásico (y rancio a veces)- esconde una historia oscura donde las haya. También tenemos ahí a Strings, Princess, Watership Down y The plague dogs, sobre todo The plague dogs, que remite directamente a La llamada de la naturaleza, otros de los especiales Toei de los 80, adaptación cruda, fiera y violenta donde las haya, excesivamente dura para un niño y para cualquier adulto que tenga empatía con los perros. The plague dogs, decía, no sólo es el ejemplo perfecto de cine de animación para adultos, sino una de los mejores largos de la historia de la animación. Toda la historia está impregnada de un pesimismo funesto (algo parecido a La tumba de las luciérnagas pero mucho más pronunciado) desde el primer momento, que no hace sino crecer y acentuarse a medida que avanza la trama, que se desarrolla como una película de fugitivos clásica. Hay momentos duros, el inicio en el laboratorio, el cadáver devorado de un hombre y el final, sobre todo el final, desalentador y terrible. Al término, queda un poso de tristeza difícil de digerir. También recuerdo Charlotte´s web que, siendo un producto claramente orientado al público infantil, dibuja una hermosísima reflexión sobre la muerte y el ciclo de la vida de forma sencilla y nada traumática – al contrario que The plague dogs, que busca herir deliberadamente la sensibilidad del espectador; tal vez aquí radique la gran diferencia entre el cine de animación infantil y el de adultos -.

Lo que intento decir es que la aparición del cine de animación para adultos es una milonga. No me cabe la menor duda de que ahora una conciencia enorme sobre las posibilidades de la animación como vehículo para contar historias más complejas de lo habitual. Si bien el concepto de cine adulto no está claro y cualquier intento de definirlo corre el riesgo de hacer aguas, me inclino a pensar que se puede fijar en un cine que toca temas de interés adulto de una forma madura. La guerra, la muerte o el sexo son temas de interés adulto, pero a mi entender sólo alcanzan la categoría de adulto cuando se tratan con madurez, con la madurez de un adulto. Bueno, basta ya de aliteraciones. El cine de animación para adultos no es nada nuevo. La diferencia en la actualidad es que ahora puede ser el momento es que la industria empiece a ser receptiva a la idea de invertir grandes cantidades de dinero en un producto que, en principio, no parece que vaya a resultar muy rentable (¿?). Los responsables de Kandor Graphics, productora de la reciente El lince perdido, declaraban en una entrevista que en el futuro les gustaría abordar productos enfocados a un público más adulto, como por ejemplo el género de terror (y si miramos El corazón delator, el corto de Raúl García, la cosa suena bastante bien); a eso me refiero.

Hace unos años escribí un artículo ciertamente abominable sobre Maus, el cómic de Spiegelman. Hay demasiadas cosas que no se sostienen en ese texto que me queda un poco lejano ya, pero sí me gustaría rescatar uno de los pilares en los que descansaba la crítica que vertebraba el artículo, aquella que declaraba que parte del mérito de Maus se debía a una razón totalmente espuria desde el punto de vista artístico: el tema. Argumentaba que la obra había ganado enteros por la elección de un tema tan delicado y que despierta tanta empatía como el holocausto judío. Por eso y por la concesión del Pulitzer. No quiero entrar en detalles, me parece un poco cansino y molesto. Sólo digo que Persepolis o Waltz with Bashir se han ganado el respeto y la admiración de los adultos, de los cinéfilos ajenos a la animación y de los aficionados a este mismo cine por el simple hecho de tocar un tema tan delicado y espinoso como el que cada una toca; problemas, situaciones y conflictos de rabiosa actualidad y que concitan el interés del mundo entero. También se beneficiaron de la guerra When the wind blows, que me parece la más honesta de toda esta desgarbada lista, y La tumba de las luciérnagas. Nadie, sin embargo, suele hablar del excelente trabajo de Takahata como director en esta obra, de aproximación inusitada y poco frecuente al tratamiento de la historia mediante la elección del encuadre, del tempo, propio de una película de imagen real; tampoco nadie se hace eco de la indolente simplicidad narrativa de Persepolis, que sufre en excesos los efectos de una mala adaptación, demasiado literal y despreocupada; nadie parece recordar que hay largos animados que tratan temas más triviales con una riqueza infinitamente superior o que dibujan personajes con una profundidad psicológica que en Persepolis se echa en falta. No, nada de eso importa, lo que importa es que tocan la guerra de religiones, y que eso es excusa suficiente para acercar la lupa a lo que interesa y dejar de lado otros méritos más artísticos y perdurables. Rara vez se hace referencia a la naturaleza documental de Waltz, que resulta algo poco frecuente en este ámbito (The sinking of the Lusitania, Drawn from memory, A is for autism, Chicago 10…); la guerra nos obnubila a todos y nos hace olvidar que la elección de un tema interesante no hace una obra buena por sí sola. Sería bueno tener todo esto en cuenta cuando leamos o escuchemos de ahora en adelante las típicas frases hechas a propósito del film de Ari Folman como que “marca un antes y un después”, “hito en la historia del cine animación”, “una película para adultos sin precedentes” o pamplinas por el estilo.

¡MENUDO INTROITO, MENUDO EXABRUPTO A NINGUNA PARTE!