domingo, 27 de enero de 2013

RIBLJE OKO (JOSKO MARUSIC, 1980)



Riblje Oko es una de las obras más singulares salidas de los estudios de animación Zagreb Film -con permiso de Muha (The Fly)-. Se trata de una extraña alegoría contada en clave de terror: mientras los pescadores de un pequeño pueblo costero se hacen a la mar, un ejército de peces emerge del mar y asesina a sus familias.

Lo que Josko Marusic nos cuenta es una historia grotesca, onírica, hermosamente surrealista, llena de violencia y crueldad. El desasosiego que brota de la música, el juego con las enormes masas de negro, que parecen aplastar las figuras y el paisaje bajo su peso, los encuadres inverosímiles, la distorsión de las proporciones, el feísmo que lo impregna todo... Hacen de Riblje Oko una obra impactante y justamente multipremiada, que destaca entre la copiosa producción de los míticos estudios croatas.

Y por encima de todo, mal rollo. En estos casos lo mejor es pasar directamente a la acción:


jueves, 6 de diciembre de 2012

REDLINE (2009)




He ido retrasando Redline, y ahora que por fin la he visto, me arrepiento de no haberlo hecho antes; me lo he pasado como un enano.

La trayectoria de Takeshi Koike como director, si bien breve hasta la fecha, es bastante coherente. Debuta con el corto World record en la memorable Animatrix. Le sigue Trava: fist planet, y desemboca en esta Redline

Ya desde su debut apreciamos la mayoría de sus constantes, su sello personal: por temas, la velocidad; como director, gusto por el encuadre extremo y los planos detalle; como animador, deformación extrema de los cuerpos y de los objetos; como diseñador, personajes que no responden a la clásica estética anime: desprecia los ojos grandes y los rostros redondeados, predominan los angulos duros y afilados. Y lo más llamativo a mi parecer: uso de una paleta de colores sin graduación, y brillos metálicos y sombreados un tanto retro; es como ver un anime de los 80 remasterizado en Bluray. Ese es el efecto. Los brillos de los objetos remiten directamente a los mechas ochenteros, también los hacen las franjas negras y curvas que conceden la sombra y el volumen. 

El título en cuestión es bastante particular. Redline es como una versión pasada de rosca á la japonesa de los Autos locos. Buena parte de las ideas de la cinta ya se presentían en Trava, cuyos personajes repiten aquí con cameo. Hay un poco de cifi, un poco de western, un poco de mecha, un poco de La patrulla galáctica y otro poco de cyberpunk. Pero Redline es, ante todo, un festín visual, un homenaje a la animación como no veía en años. Es una película que puede verse perfectamente sin mirar los subtítulos ni una sola vez. Hay poco que contar. La historia va de una carrera salvaje. Y ahí se acabó todo. Se trata más bien de una excusa para lucimiento de los animadores, los artesanos que han pergeñado esta joya. Velocidad, diseños espectaculares, brillos, rayos, subidones, deformaciones... Cada plano, cada encuadre ofrece algo con lo que recrear el ojo. Hay mucho cuidado y esmero en cada fotograma. El espectador que sepa apreciar la animación no dejará de sorprenderse ni un solo segundo. Esta devoción absoluta hacia la forma por encima incluso del contenido, esta capacidad de admirar, me ha hecho pensar en otro animador singular: Masaaki Yuasa y su Mind Game. Pero mientras este intentar insuflar un poco de trascendencia a sus trabajos, Koike opta simplemente por la diversión sin pretensiones, y eso es algo de agradecer; y mucho.     

Ya digo, uno puede pasarse los cien minutos que dura Redline recreándose en la belleza de las formas sin echar en falta nada más. Una trama elaborada, giros de guión, personajes profundos, un poco de metafísica... Pamplinas: animación en su estado más puro. 

No recuerdo haber visto nada parecido en el terreno del largo desde Fehérlófia, y eso son palabras mayores. El mérito de Koike y su equipo es haber camuflado unos medallones de buey con salsa Pedro Ximenez en el envoltorio de un kebab. Y a mí me pirran los kebab; mejor cuanto más grasientos.




lunes, 5 de noviembre de 2012

RANGO (2011)




Este Rango ha sido una agradable sorpresa. No tengo especial interés por el 3D, Shrek nunca me gustó y hace tiempo que no sigo a Pixar, pero no me arrepiento de haberle dado una oportunidad a la cinta en cuestión.

Se trata de una historia para adultos que no peca de sofisticada (a pesar de algún que otro chiste autocomplaciente) ni tampoco de burda. Se lleva bien y es entretenida la mayor parte del tiempo. Guarda algunas sorpresas en la manga y personajes carismáticos. No evita los tópicos acaramelados y populares sobre los que se construyen las historias tiernas y para todos los públicos made in Hollywood (la moralina, el prota chistoso y de dudosa capacidad para llevar a buen puerto su aventura, los malos de turno, el romance...) pero mantiene el tipo y atesora algunos momentos brillantes (la de las alimañas emergiendo del suelo y la posterior persecución a lomos de los murciélagos, o la conversación entre Rango y el  Espíritu del Este).

La animación me ha llamado poderosamente la atención. Se ha puesto un especial mimo a la hora de caracterizar a los personajes, animales aquí antropomorfizados, que lucen un especial cuidado en detalles que van desde la vestimenta hasta aspectos más físicos como el pelaje, la expresión facial... Ya digo, nos queda patente en todo momento que son animales, pero su comportamiento y sus gestos son humanos, y se ha hecho especial hincapié en este aspecto, de modo que tenemos un contraste bastante llamativo. 

Sin duda, de todo me quedo con la dirección. Gore Verbinski aprovecha bastante bien las posibilidades del medio. Hay secuencias que están rodadas de una manera bastante personal, como no acostumbra a verse en otros títulos de corte similar. Más allá de las filigranas imposibles con la cámara, el director deja su sello. Me parece la suya una labor fresca y divertida, con algunas imágenes que transcienden el mero entretenimiento; ahí quedan la secuencia del sueño de Rango, o esos planos del protagonista arrastrándose cabizabjo por el desierto al anochecer. Hermoso. 

No termino sin recordar que, efectivamente, Rango es también una nueva toma de western, pero se debe más, de nuevo, a la labor del director que a la historia en sí. Hay mucho spaghetti western en esos minutos, y la meticulosa planificación de algunas escenas y la elección de los planos lo dejan patente - y la música, claro; y el poncho, como no podía ser menos-. 

Rango deja a la tan cacareada ¡Piratas! de Aardman en un chiste mediocre, y queda muy por encima de otras cintas para culturetas de plastilina como Fantástico Sr. Fox

Se recomienda.

PD: He creido ver un homenaje a Nausica, pero no las tengo todas conmigo.

PD2: el alcalde me recuerda al John Houston Huston de Chinatown, ¿podría ser?

PD3: en V.O. gana muchos enteros.

martes, 23 de octubre de 2012

THE STAR OF COTTONLAND (1984)




Dejo aquí un breve apunte sobre un largo que vi hace unas semanas y que me gustó bastante. Se trata de un anime de los ochenta producido por Mushi Pro, basado en el shojo de igual nombre de Yumiko Oshima. Estéticamente me recordó un poco a otro anime de la época de Madhouse, sobre todo en el uso del color: Toki no tabibito (1986).

En cualquier caso, es una película, como mínimo, digna de ver; un tanto sensiblera y nostálgica, pero hermosa y bastante ingeniosa, incluso bizarra a ratos. Sorprende la "humanización" de los personajes gatunos, que resulta impagable (sacada del manga, imagino). 

Una rareza que animo a ver. Se puede encontrar sin muchos problemas con subs en español. 

THE BLACK CAULDRON (1985)




Muy curioso y poco conocido este largo de Disney. Aunque las imágenes se empeñen en desmentirlo, fue una superproducción de la época. Creo que a la animación, aunque con momentos brillantes, le pesan un poco los años; hay tramos bastante irregulares en este sentido. En cuaquier caso, destaca la iconografía de la película. La obra está imbuida de esa querencia ochentera por la fantasía épica; Tolkien, y todas esas cosas. 

Me parece ver que Disney sigue aquí la estela de títulos ya clásicos, algunos memorables, del cine de animación de la época: El señor de los anillos de Bakshi, la plétora de la productora Rankin/Bass, bajo la que floreció en parte el estudio japonés TopcraftEl vuelo de los dragones, El último unicornio, El hobbit, El retorno del rey... Incluso el entrañable Único de Sanrio y Tezuka Productions (y una incontable cantidad de anime de la época).

Lo más curioso es que se recortaron varios minutos del metraje original porque Disney los consideró inapropiados. Visto así, la peli acojona en determinados momentos. Tiene un ejército de esqueletos la mar de tétrico, y un malote que no se queda atrás. No es una gran película, pero tiene buenos momentos y una estupenda banda sonora. 

Pues a verla ya.

domingo, 16 de septiembre de 2012

ROBERT MORGAN




Bobby Yeah se pasea por todos los festivales del mundo y nos pone los dientes largos hasta el día que podamos echarle el guante. Me parece un buen momento para desempolvar el dvd con las "obras completas" de Robert Morgan y dedicarle unos minutos:

Paranoid fue su primer trabajo, un corto rodado con escasos medios cuando Robert aún estaba aprendiendo a batirse el cobre con esto del stop-motion. Su valor es puramemte testimonial, permite adivinar en buena medida lo que será su siguiente trabajo. Con él comparte un personaje de apariencia monstruosa, un espacio cerrado, un atmósfera opresiva, iluminación disminuida, símbolos grotescos... Un poco recio, silvestre. 


The man in the lower left hand corner of the photograph es harina de otro costal.  Es su primer trabajo de peso, y para mi gusto el mejor de ellos. Se me antoja difícil renunciar a la consabida comparación con los hermanos Quay y con el Lynch de Cabeza borradora, pero tampoco puedo olvidar de camino otros títulos que han sacado a relucir un tipo de stop-motion antropomorfo muy particular, aquellos que hacen gala de un cierto "realismo sucio". Por "realismo" no entiendo una elección narrativa sino estética. Se trata de retratar a las personas y a los objetos en toda la miseria de su cotidianeidad: alfombras sucias, paredes desconchadas, chaquetas raídas, rostros renegridos... Todo ello casi siempre enclavado en una atmósfera sombría y deprimente. De un lado tenemos ese realismo sucio que además es social y doméstico en los primeros trabajos de Suzie Templeton: Dog y Stanley, muy alejados en tono y aliento de su hermosísimo Peter and the wolf.  De otro, Solo duets de Joseph Feltus (un "velado" homenaje a los hermanos Quay), más próximo en el sentir al trabajo de Morgan aunque un poco más cerebral y menos monstruoso. No quiero cerrar el párrafo sin aludir al corto con el que a mi paracer The man guarda más similitudes, y no es otro que el videoclip Prison sex del grupo Tool. Creo que el lector podrá apreciar las similitudes entre ambos sin mucho esfuerzo, así que nos vamos a ahorrar la labor de destacarlas.

Por lo demás, The man puede remitirnos a los Quay erróneamente por la elaboración de una atmósfera onírica engañosa, es decir, bien podría ser que nos encontrásemos en una pesadilla malsana, pero no debemos obviar el hecho de que la narración, al contrario que en los sueños (y en los cortos de los Quay) es bastante lineal e inteligible; parece haber un cierto motivo detrás de todo, o al menos una lógica a descubrir. Como yuxtaposición de imágenes (que al fin eso es el cine) es bastante sencilla, no se perciben saltos de continuidad, ni espacial ni cronológica y, lo más importante, es una historia conducida por un personaje en torno al que gravita toda la acción; eso nunca pasa en los Quay. También se presta atención a algunos objetos extravagantes, como el cuadro que da título al corto, pero este hecho no ofrece una base consistente como para ir mucho más en la comparación entre el trabajos de ambos. 



Brillan las formas orgánicas, ya sean vivas (la larva) o muertas (el trozo de carne). El corto destila a veces una fuerte fragancia corporal, carnosa, y ello nos puede conducir a Svankmajer, incluso más que a los Quay. En cualquier caso, la presencia de un protagonista, con todas las letras, pone demasiado tierra de por medio entre Morgan y el director checo, más allá del espacio cerrado y opresivo en el que transcurre todo (y el papel que decora las paredes de la habitación -ver Light and darkness-).

Creo que The man bebe bastante de Cabeza borradora. La mutación está presente en ambos -y en Cronenberg-, el sexo monstruoso, la miseria del espacio doméstico transfigurada por el horror, la pareja, el uso del sonido descontextualizado como generador de desconcierto, de extrañeza... El siniestro contrapunto de una alegre canción ligera -recordemos el inicio de Terciopelo azul-. A veces Morgan se detiene unos segundos en detalles del entorno: una textura en el suelo, un detalle en la pared, una larva que se returce unos segundos en un cajón abierto, un gramófono que no deja de girar... A veces nos asalta con esos ruidos que salen de la nada. La narración queda así interrumpida bruscamente. Esto hace que resulte más difícil aclimatarse al flujo de los acontecimientos. Funciona la técnica como una especie de montaje analítico sin aparente propósito y encutrecido. Aporta esa cualidad onírica al relato y nos escamotea delante de nuestras propias narices el sentido de una historia por lo demás bastante sencilla. 


 The separation continúa con el stop-motion aunque en esta ocasión estamos ante un trabajo menos sombrío y bastante más moderado. Pervive aún un cierto conato de provocación bastante suavizado. Técnicamente está mucho más conseguido que The man aunque carece del impacto de éste. Demasiado pulcro, demasiado tímido en comparación. Se me antoja este un intento de contar una historia con un cierto subtexto en clave alegórica. El final es abierto y un tanto críptico. No obstante sigue siendo un buen trabajo en su categoría. Guarda una cierta similutud temática con Solo duets, aunque el de Morgan es, ya lo hemos dicho, menos sutil y más descarnado. 




The cat with hands marca un punto con retorno (ya lo veremos) en la trayectoria de Morgan. Introduce por primera vez actores y mezcla imagen real con stop-motion. Es un corto bastante más breve que los anteriores. Maneja un sencilla anécdota en forma de leyenda que expone al principio de la historia uno de los personajes. Estamos aquí ante una obra de terror en el sentido más clásico, ya que en las anteriores esta adhesión era un poco bastarda. Morgan se despoja de los remilgos y de las técnicas del desconcierto y va directo al grano. El final es diáfano y cerrado y no deja lugar a la interpretación. Un buen corto de terror. 


Monsters está rodado enteramente con actores reales. Si bien The cat with hands destacaba por la sencillez del planteamiento, aquí Morgan recupera de nuevo el gusto por el tono onírico y ofrece un estallido de violencia ausente en su trayectoria hasta ahora. Hay una escena en particular que destaca por encima del resto, y es aquella en la que un individuo armado con un hacha irrumpe en la habitación del protagonista. Más allá de la violencia desmedida, grotesca, casi cómica, merece el hincapié la forma en que está rodada. Una especial habilidad para retratar el momento desde un ópitica irreal (encuadres, colores, distorsión de la imagen...) que hace que resulte difícil de olvidar. El final es de nuevo un poco ambigüo, casi vago. Globalmente Monsters me pareció un poco descafeinada y tal vez el trabajo menos logrado de Morgan. No tengo del todo claro que supiera hacia dónde iba con la idea en cuestión. 


Y así llegamos a Bobby yeah. El trailer y las reseñas de los festivales parecen dejar bastante claro que el autor vuelve por sus fueros con más fuerza que nunca. Todo indica que el nuevo trabajo está en la onda de The man elevada a la enésima potencia. Habrá que esperar, seguro que merece la pena. 


sábado, 14 de julio de 2012

LEEHARDCASTLE





Que levanten la mano aquellos que disfrutaron como enanos caníbales con una picana con Chainsaw maid de Takena Nagao. 

Bien, aquellos que no lo hicieron ya pueden despedirse. Para los irreductibles, I give you Leehardcastle, una animador que estampa en el frontispicio de su página la siguiente afirmación: 

I MADE CLAMATIONS NOT FOR CHILDREN

Queda claro ante el tipo de material con el que nos encaramos. Parodias de películas de terror ochenteras, de David Lynch, Tarantino, Bruce Willis, la Troma… Gore a mansalva, explosiones, grotesquidades varias y un sentido del humor más negro que la boca del pozo de Sadako. Cine desenfadado y palomitero, al fin al cabo, para echar un buen rato sin complejos ni tribulaciones. Grosero, pero divertido; descarado, no obstante ingenioso.

Se recomiendan: 

Y otras muchas que pueden verse (gratis) en su web:  http://leehardcastle.com/