lunes, 4 de mayo de 2009
PONYO Y LAS OLAS
sábado, 25 de abril de 2009
viernes, 24 de abril de 2009
A VUELTAS CON TOLKIEN: «HOBBIT. SOKROVISCHA POD GOROJ» / THE TREASURE UNDER THE MOUNTAIN (ROMAN MITROFANOV, 1994)


martes, 31 de marzo de 2009
PONYO Y EL VERANO DE COO
jueves, 5 de marzo de 2009
ADULT(ERI)O: EXABRUPTO II
APENDICE DESPUÉS DE VER WALTZ CON BASHIR Y FELIDAE: si hay algo que me ha irritado y decepcionado a partes iguales es la resolución de Waltz con Bashir. Lo que empieza como un prometedor estudio de los mecanismos de la memoria ilustrado con secuencias de una belleza lírica desbordante –tres soldados flotando en la noche de la playa del Líbano -, un sabio equilibrio entre lo intelectual y lo emocional, termina en un chantaje emocional en toda regla que echa por tierra en unos segundos todos los méritos acumulados hasta ese momento. ¿Qué significa el metraje de imagen real al final de la película? ¿No es acaso el cine de animación un medio lo suficientemente maduro y eficaz como para conseguir ese mismo efecto sin necesidad de recurrir a la imagen “real”? El recurso es espúreo por un doble motivo: porque traiciona al mismo medio del que se ha hecho servir para plasmar su discurso hasta el momento, el cine de animación, y porque además busca conmover apelando al lado más irracional del espectador. Exigir neutralidad es un asunto tan delicado como éste es una bobada. Lo que ya no me parece tan válido es construir una obra de compromiso – porque, al final, un discurso de un prometedor calado intelectual queda reducido a un lamento con pretensiones pseudos intelectuales – dejando de lado la argumentación en beneficio de otros aspectos más impresionantes y viscerales que poca luz arrojan sobre un tema tan complejo. Al final, se antoja más como una terapia o como una pataleta rabiosa del autor o ambas cosas. La música es fascinante, la elección del color muy acertada, la animación torpe a veces pero muy efectiva, la historia bien contada; lo demás queda en manos del espectador.

Y poco después me encuentro con Felidae, una producción alemana del 94 con estética Don Bluth y tratamiento adulto; a saber: tacos, sexo y vísceras en una compleja historia enmarcada en el género negro. En cierto modo, el contrapunto a The plague Dogs. Los protagonistas son gatos, que poco o nada tienen ya que ver con aquellos parientes remotos de la tradición de los funny animals de Disney. Me la guardo para más adelante. Me parece una película adulta con una propuesta inusitada y original, no tanto por el tema – todo lo contrario que Watlz con Bashir, que se ampara básicamente en la guerra -, trama clásica de asesinato del whodunnit más sucio y callejero con ribetes cifi, sino por la forma de aproximarse, de desarrollar y de resolver el conflicto mismo; sencilla y sólida, sin necesidad de aspavientos ni cucamonas, cien por cien teutona.
miércoles, 25 de febrero de 2009
DISNEY TREASURES
La colección Disney Treasures supera holgadamente la veintena de títulos en su hogar natal de E.E.U.U. Aquí, y en el resto de Europa nos hemos quedado en un puñado, una pequeña porción compuesta por los títulos más evidentes. Disney nos regala una nueva tanda en la que incluye el no tan célebre Oswald el conejo afortunado. Aquí el listado completo de lanzados y por lanzar via Zonadvd.
ADULT(ERI)O: EXABRUPTO A NINGUNA PARTE
No me cabe la menor duda de que en breve las reducidas y selectas muchedumbres de la octava esfera celeste, anglófonas y francófilas en un noventa y ocho por ciento, se harán lenguas de la nueva tendencia en el cine de animación a raíz del recentísimo estreno de Waltz with Bashir para predicar sus excelencias y narrar sus innúmeras industrias. Huelga decir que tal tendencia no es otra cosa que un constructo oportunista alimentado por una visión bien sesgada y carente de perspectiva histórica del panorama que habitualmente nos ocupa y nos embarga por esta parte del blogosferio. Es inevitable y ciertamente tentador tirar del hilo, o de la manta, y retomar la cercana en el tiempo Persepolis y de ahí, de carrendilla, de memorieta, como un salto de fe al vacío o como el que hunde el brazo ciego y tanteador en las tinieblas de la alacena en busca del colador, a sabiendas que no se ha movido del sitio ni un mísero milímetro, enlazar, cuando no engarzar, con La tumba de las luciérnagas, pasando de puntillas o mentando descaradamente sin mucha convicción Azur et Asmar e incluso la mismísima Les triplettes de Belleville. Los más sesudos y románticos no pueden ni quieren dejar estremecidas en el tintero When the wind blows o La Planète sauvage; los filonipones Hadashi no gen y los otakus y doblemente “filo-” Hadashi no gen II o Ushiro no Shoumen Daare?. Esta nueva tendencia, dicho sea de paso, es la del cine de animación orientado al público adulto.
Que el cine de animación está en auge es un hecho innegable. El conflicto, si lo hubiera, y si no lo hay se busca y rebusca hasta dar con él, radica es distinguir entre los países que están experimentando en su seno un surgir de esta industria de aquellos otros que acogen un re-surgir. Francia está a la cabeza de Europa en esto de la animación desde hace unas décadas. No sólo ha expandido su poderío en el terreno comercial y siempre rentable de las series de televisión, sino que además ha sabido mantenerse fiel a sí misma y a su concepción de las artes menores o devaluadas como vehículos de expresión artística de primerísimo orden, valga lo dicho tanto para el cine de animación como para el cómic. Así, la miríada de largometrajes francos que vienen excitando el paladar de los conaisseurs desde hace aproximadamente un lustro, encabezada por Belleville y seguida de Azur et Asmar (financiada parcialmente con capital español), Renaissance, Persélopis o la recién nacida Waltz, que también cuenta con participación francesa, tienen su primer y más importante precedente en Le roi et l´oiseau, la que es sin duda la madre del cordero del cine de animación para adultos pero, al mismo tiempo, el paradigma del tipo de animación que un adulto y un niño pueden sentarse a ver al unísono sin complejos de ningún tipo, el típico discurso que Miyazaki ha hecho santo y seña de su obra y de su proceder, y como remate, sumado a todo esto, ejemplo máximo del largometraje animado como obra de arte total, perenne, inagotable, clásica y moderna a un tiempo, equilibrada y desbordante, que en ningún momento dobla la rodilla antes los excesos vanguardista, preciosistas o los terribles ardores poéticos, solo igualada por Die Abenteuer des Prinzen Achmed de Lotte Reiniger. Francia cuida y mima su legado animado, pionero y vanguardista como pocos, y con el tiempo ha vuelto al lugar que le corresponde en la historia de este mundillo nuestro. Aún parece lejano el día en que en España alguien se anime a recuperar y a dar a conocer nuestro legado, desde Segundo de Chomón hasta el infinito y más allá. En este contexto, India sería el ejemplo opuesto. Un país con un escaso acerbo del que sólo soy capaz de rescatar a Ishu Patel y que muchos señalan como una futura potencia animada en la que los estudios proliferan como setas. Entre Francia y
Separemos desde el principio el corto y el largometraje, por ser dos terrenos bien distintos, con evoluciones dispares. Mientras el primero es un cauce que ha alcanzado sobradamente la madurez, el segundo, en cuyo ámbito se circunscribe este texto, aún nos depara muchas sorpresas – prueba de ello son estas líneas-. Dicho esto, lo siguiente es precisar un poco en todo este tema del cine de animación adulto que parece estar lleno de malentendidos. Si por adulto entendemos un contenido destinado a un público exclusivamente adulto, entonces el porno o el hentai, que cuentan ya con un recorrido de varias décadas, son ya géneros adultos en sí; por supuesto, entran en esta categoría Koushoku Ichidai Otoko y Kanashimi no beradona, formidables exponentes del cine de animación como obra de arte indiscutible (y en un escalón muy infeior Fritz the cat, Dirty Duck y un largo etcétera). Si por adulto entendemos la elaboración de un discurso de una complejidad elevada, ya sea conceptual o puramente narrativa, entonces Ghost in the shell, Tenshi no tamago, Chronopolis, Théâtre de M. et Mme. Kabal o el Ubu et la grande gidouille de Jan Lenica son formidables exponentes, sin desdeñar las gamberradas rotoscopiadas de Ralph Bakshi (Heavy traffic, American pop, Coonskin ...) o las seudoincursiones de Richard Linklater en Waking Life y A scanner darkly. La experimentación formal por sí sola no es un criterio válido, pues si Kanashimi es un film para adultos, nada de lo dicho se puede aplicar a Feherlofia, una historia lineal y sencilla donde las haya, que regala los momentos animados más gloriosos que se hayan visto jamás en un largo. Dentro de este conato de taxonomía, no debemos olvidar el cajón desastre y los cuartos oscuros, en los que tiene cabida tanto el cine para todas las edades, incluyendo la adulta, con Miyazaki y similares a la cabeza, como el cine de animación infantil / juvenil salpicado de escenas no aptas para ojos sin mácula - verbigracia: buena parte del anime, que aún seguimos sin saber muy bien cómo encajar en eso de las edades recomendadas, empezando por El puño de la estrella del Norte, Akira, Urotsukidoji, la obra de Kawajiri o el cine de terror en general, sin olvidar otros casos más desconcertantes, como los especiales para TV que
Lo que intento decir es que la aparición del cine de animación para adultos es una milonga. No me cabe la menor duda de que ahora una conciencia enorme sobre las posibilidades de la animación como vehículo para contar historias más complejas de lo habitual. Si bien el concepto de cine adulto no está claro y cualquier intento de definirlo corre el riesgo de hacer aguas, me inclino a pensar que se puede fijar en un cine que toca temas de interés adulto de una forma madura. La guerra, la muerte o el sexo son temas de interés adulto, pero a mi entender sólo alcanzan la categoría de adulto cuando se tratan con madurez, con la madurez de un adulto. Bueno, basta ya de aliteraciones. El cine de animación para adultos no es nada nuevo. La diferencia en la actualidad es que ahora puede ser el momento es que la industria empiece a ser receptiva a la idea de invertir grandes cantidades de dinero en un producto que, en principio, no parece que vaya a resultar muy rentable (¿?). Los responsables de Kandor Graphics, productora de la reciente El lince perdido, declaraban en una entrevista que en el futuro les gustaría abordar productos enfocados a un público más adulto, como por ejemplo el género de terror (y si miramos El corazón delator, el corto de Raúl García, la cosa suena bastante bien); a eso me refiero.
Hace unos años escribí un artículo ciertamente abominable sobre Maus, el cómic de Spiegelman. Hay demasiadas cosas que no se sostienen en ese texto que me queda un poco lejano ya, pero sí me gustaría rescatar uno de los pilares en los que descansaba la crítica que vertebraba el artículo, aquella que declaraba que parte del mérito de Maus se debía a una razón totalmente espuria desde el punto de vista artístico: el tema. Argumentaba que la obra había ganado enteros por la elección de un tema tan delicado y que despierta tanta empatía como el holocausto judío. Por eso y por la concesión del Pulitzer. No quiero entrar en detalles, me parece un poco cansino y molesto. Sólo digo que Persepolis o Waltz with Bashir se han ganado el respeto y la admiración de los adultos, de los cinéfilos ajenos a la animación y de los aficionados a este mismo cine por el simple hecho de tocar un tema tan delicado y espinoso como el que cada una toca; problemas, situaciones y conflictos de rabiosa actualidad y que concitan el interés del mundo entero. También se beneficiaron de la guerra When the wind blows, que me parece la más honesta de toda esta desgarbada lista, y La tumba de las luciérnagas. Nadie, sin embargo, suele hablar del excelente trabajo de Takahata como director en esta obra, de aproximación inusitada y poco frecuente al tratamiento de la historia mediante la elección del encuadre, del tempo, propio de una película de imagen real; tampoco nadie se hace eco de la indolente simplicidad narrativa de Persepolis, que sufre en excesos los efectos de una mala adaptación, demasiado literal y despreocupada; nadie parece recordar que hay largos animados que tratan temas más triviales con una riqueza infinitamente superior o que dibujan personajes con una profundidad psicológica que en Persepolis se echa en falta. No, nada de eso importa, lo que importa es que tocan la guerra de religiones, y que eso es excusa suficiente para acercar la lupa a lo que interesa y dejar de lado otros méritos más artísticos y perdurables. Rara vez se hace referencia a la naturaleza documental de Waltz, que resulta algo poco frecuente en este ámbito (The sinking of the Lusitania, Drawn from memory, A is for autism, Chicago 10…); la guerra nos obnubila a todos y nos hace olvidar que la elección de un tema interesante no hace una obra buena por sí sola. Sería bueno tener todo esto en cuenta cuando leamos o escuchemos de ahora en adelante las típicas frases hechas a propósito del film de Ari Folman como que “marca un antes y un después”, “hito en la historia del cine animación”, “una película para adultos sin precedentes” o pamplinas por el estilo.
¡MENUDO INTROITO, MENUDO EXABRUPTO A NINGUNA PARTE!
