sábado, 30 de agosto de 2008

LANZAMIENTOS OCTUBRE

La gran noticia en el apartado de lanzamientos de octubre nos la trae Catsuka. Los trabajos inéditos de Michel Ocelot salen a la luz en un hermoso doble dvd el día 28, entre ellos, el celebérrimo Les trois inventeurs o La princesse insensible. Tal vez lo mejor de Ocelot. Ya era hora...
Por su parte, Aurum continúa con su edición de títulos Ghibli. Ahora le toca el turno a éste el 22 de Octubre:

GRITOS EN EL PASILLO

Continúo con la serie de reseñas breves a la que me he visto obligado por la falta de tiempo. Con todo, espero rematar el año con algo más enjundioso. En otro orden de cosas, hace tiempo me sorprendí a mí mismo al verme inmerso en una curiosa reflexión. Navegaba por la página de un foro de animación con una lista de largometrajes animados bastante jugosa. “Aquí hay de todo, pero no puede estar todo”, pensé. “Debe faltar algo”. Así que lo más raro y más nuevo que se me vino a la cabeza en ese momento fue Strings, un largometraje danés de marionetas con ribetes shakesperianos, que había tenido la oportunidad de ver no hacía mucho en pantalla grande. No encontré el largometraje en la lista, y ahí se quedó la cosa. Tiempo después, navegando, curioseando, por el mismo lugar, la encontré bajo el epígrafe “Cine experimental” (¿o era contemporáneo?). Lo primero que me pregunté fue por qué no estaba con el resto de largometrajes de animación. Para mi sorpresa, en el post se argumentaba que la obra en cuestión no era animada, es decir, que no es una película de animación. Veamos, no es fácil dar con una definición (casi nunca lo es) que abarque todas las manifestaciones de este complejísimo mundo que es la animación. En sus 100 años de cartoons, Bendazzi aboga más por una definición restrictiva que extensiva, es decir, en lugar de tratar de explicar qué es la animación, tal vez sería mejor decir qué no es la animación. Lo que único que parece claro en todo esto es que para que haya animación debe haber manipulación; debe haber truco, magia (para muchos, los cortos de el “mago” Méliès ya encierran en sí el germen de la animación, pues son ricos en trucos ópticos), si se quiere, entre un fotograma y el siguiente. Se trataría pues, de una segunda ilusión óptica, tras aquella inherente al cine, la de la sucesión de imágenes aisladas y estáticas con el fin de obtener la mentira del movimiento en tiempo real. A ésta, habría que añadir la que se opera en el fotograma en sí, que complementa y enriquece a la principal, que se establece entre un fotograma y otro, como si, salvando las distancias, de callejas entre viñetas se tratara. No negaré que el tema es mucho más complejo de lo que así se expone, empezando por las necesidades específicas de las técnicas de animación, que son múltiples y variadas. Tal vez el ejemplo más sencillo de entender sea el del stop-motion, en contraposición con el título referido más arriba. Pensemos en una animación simple de un muñeco de plastilina, en el abc del proceso animado. Si queremos rodar una breve secuencia de apenas unos segundos en la que un personaje mueva el brazo de abajo hacia arriba, entonces “todo” lo que hay que hacer es tomar un plano del brazo bajado, a continuación lo levantamos levemente, apenas unos milímetros, y tomamos otro plano; lo levantamos un poco más y sacamos un tercer plano, y así hasta que el brazo esté arriba del todo; después basta con poner un fotograma tras otro a una velocidad prudente y ya tenemos la animación lista. El ejemplo es sencillo pero quiero que la idea se entienda bien, sobre todo en contraposición con lo que viene ahora. Ahora tomemos Strings, o Team America, Legend of the sacred stone o incluso Cristal Oscuro, cualquiera de ellas nos vale, ninguna es una película de animación. En ningún momento existe ese salto mediante el montaje entre plano y plano para simular el movimiento. Todo lo contrario, vemos los hilos en todo momento, especialmente en el largometraje danés, en el que juegan un papel importantísimo, no sólo en términos visuales, sino metafóricos, en un alarde de inventiva y de oportunismo. Los hilos se mueven ante nuestros ojos y, aunque no vemos al marionetista, su presencia se hace sentir en todo momento. Si la secuencia del muñeco de plastilina que acabamos de poner como ejemplo es de apenas dos segundos, su elaboración puede haber llevado perfectamente unos minutos. El tiempo de acción y de rodaje no coinciden. Sin embargo, en Strings, cuando una de las marionetas recorre el escenario de un lado a otro empleando, digamos, cinco segundos, podemos decir que el tiempo que la cámara ha empleado para capturar ese moviendo ha sido exactamente el mismo (al margen, claro está, de los preparativos de rodaje), es decir, el tiempo de acción y el de rodaje coinciden, ya que todo se desarrolla frente a la cámara, sin ningún tipo de intervención entre un fotograma y el siguiente (al margen de la que efectúa la propia cámara, inherente al medio, como ya se ha dicho); no hay manipulación, por tanto no hay animación. Es como colocar varias cámaras simultáneas en distintos puntos durante una obra de marionetas sobre un escenario; como ver teatro por la tele; la única manipulación es la del montaje.

Strings.

Dicho esto, podríamos pasar a otras consideraciones. Si Strings no es una película de animación, entonces, ¿qué demonios es? Una película infantil. Pero, ¿acaso, dentro de la animación, no hay películas que se encuadran perfectamente dentro de los géneros atribuidos al cine de imagen real? Comedia, terror, ci-fi, drama, erótico… Es un problema de géneros difícil de resolver, empezando por el hecho de que todo cine animado se suele etiquetar como infantil, y porque tampoco existen demasiados largometrajes (pues este es un problema que afecta casi en exclusiva al largo) ideados para un público maduro intelectualmente, y porque los pocos que hay suelen tener vocación experimental. También está el tema de las proporciones: cuando una película está compuesta de escenas animadas en su totalidad no hay dudas en decir que es de animación, pero, ¿y cuándo se mezcla con la imagen real? Las películas de Harryhausen o de Willis O´brien contienen bastante metraje animado, ya sea mezclado con imagen real o bien aislado, pero no dejan de considerarse de imagen real. Las de Karen Zeman (El dirigible robado, Viaje a la prehistoria, El barón Munchausen…) tienden a considerarse animadas y, aunque bien es cierto que la “manipulación” es mucho más evidente, los actores son siempre de carne y hueso (exceptuando sus dos últimos largometrajes y la recopilación dedicada a las aventuras de Sinbad). ¿Y qué son Cool World o Quién engañó a Rogert Rabbit? Por otro lado, buena parte de los efectos especiales no son otra cosa que animaciones, especialmente hoy en día, donde el atrezzo, las maquetas y el cartón piedra pasaron a mejor vida en beneficio de la animación por ordenador. Pensamos en la cantidad de secuencias animadas/ generadas por ordenador que podemos encontrar en títulos como Matrix o El señor de los anillos (esta última observación ni siquiera es mía, pertenece a Antonio Zurera, un veterano guionista y director de cine de animación español). Si la clasificación es una cuestión de porcentajes animación/ imagen real, la cosa no queda demasiado clara. Es un tema complejo e interesante, ya digo; espero poder volver a él.

Legend of the sacred stone.

En el ámbito de estas reflexiones se encuentra Gritos en el pasillo. Una película española del 2007 hecha con frutos secos. Todo este largo proemio sirve, nada más y nada menos, para afirmar que el título que nos ocupa no es una película de animación, no al menos en el sentido estricto, como se ha argumentado más arriba. Basta con echarle un ojo al siguiente fotograma; esos surcos que recorren el suelo no son ni más ni menos que los huecos a través de los cuales se introducen los alambres adheridos a base de los personajes para moverlos; una variante de los hilos. Basta agudizar un poco la vista y en más de una ocasión los metales en cuestión son visibles:

No recuerdo ahora mismo ninguna animación notable con frutos secos. Sin duda que debe haberla. Tal vez Starewicth o Hermina Tyrlova en su día, tal vez George Pal… Sí alguien conoce alguno, que levante la mano y que deje un comentario. El caso es que el largometraje se deja ver. A veces resulta un poco pesado, pero el metraje moderado de la cinta y su carácter de producto extravagante e inusitado hacen que merezca la pena verla hasta el final. El doblaje es uno de sus puntos débiles. Unos actores con un poco más de tablas no habrían venido mal para darle un poco de solidez y de credibilidad a la historia, que parece con demasiada frecuencia un chiste mal contado en determinadas escenas. Luego uno se acostumbra y no se fija, claro… El argumento no es nada del otro jueves (un trasunto de Asylum -Robert Ward Maker, 1972-), pero bueno, supongo que el mérito está en haber hecho una peli con cacahuetes y pistachos, sólo esta idea ya merece nuestro respeto.

Terminemos con los puntos fuertes, para dejar un buen sabor de boca. La escasas cualidades, especialmente en términos de movilidad y de expresividad, de los "actores", han sido hábilmente compensadas con una cuidada elección de los planos y de los encuadres, un uso inteligente del sonido, de todo lo que tiene que ver con los efectos sonoros, y, sobre todo, con una iluminación muy acertada, que contribuye de forma decisiva a crear la atmósfera siniestra y alucinada que domina toda la historia. Mención aparte para el tramo final, no sólo por el secreto del pasillo prohibido y todo lo relacionado con él, sino también por el asalto, salpicado de ingeniosos detalles, algunos verdaderamente geniales; vamos, que si a esas alturas de la película (el último tercio) nadie ha conseguido reírse, se aconseja esperar hasta el final, porque la cosa mejora notoriamente. Abrazos para todos.

sábado, 26 de julio de 2008

OUT NOW (2)!!

Descubro por casualidad esto. Ya está en la calle. La traducción más común suele ser "La isla del tesoro de los animales", pero con este título ha pasado un poco desapercibida:
Zonadvd anuncia el lanzamiento por parte de Cameo de una película danesa de animación bastante peculiar para el 23 de Septiembre. En 68 revoluciones (web que recomiendo encarecidamente a los amantes de la animación, cine en general y cómic) podéis leer sobre ella.
Carátula inglesa de Princess.

viernes, 25 de julio de 2008

VISIONS OF FRANK

"Cuando empecé a trabajar en el libro, hace más de diez años, el mundo era un lugar muy distinto. Internet era un territorio peligroso y desconocido donde sólo se aventuraban cerebros académicos y freaks de los ordenadores; el DVD, una entelequia (...) Si queríamos ver una joya del world cinema, y no digamos ya clásicos del cine trash, debíamos esperar a que la pasaran en alguna sala de arte y ensayo (algo poco probable) o intentar hacernos con una copia de décima generación (...) La información sobre películas oscuras y sus artífices era casi imposible de encontrar y, muchas veces, de poco fiar. Hoy, todo ha cambiado. Teclea el título más raro que se te ocurra en el buscador de internet..." (Mondo Macabro, Pete Tombs).
A veces sucede. Uno quiere ser probeta en su tierra. Es natural. Hasta la aparición de internet y sus sistemas de descarga, tener la versión turca o paquistaní de tal película americana o aquella otra oscurísima nipona donde se veía un individio que hacía tal o cual salvajada "nunca antes vista por estos lares", "inédita e inaudita para los ojos occidentales", era una forma segura de coronarse en el complejo mundo del dilentatismo crítico/ pseudoteórico del cómic o del cine o de ambos. Conseguir estos títulos era una tarea ardua y costosa por diversos motivos, tal y como explica, no sin cierta nostalgia, Pete Tombs.
Guts of a virgin, una japonesada donde las haya.
Hoy en día las cosas han cambiado bastante. La información está delante de nuestras narices. Sólo hace falta saber buscarla. Esto, y esos amplificadores de pensamientos en voz alta que son los blogs (como lo pueda ser éste), han contribuido a un glorioso ascenso del diletantismo más friki a nivel mundial. El mérito consiste ahora en rescatar ese fragmento de información que hasta ahora había pasado desapercibido para todo el mundo, y exponerlo truinfal en nuestro amplificador personal. Un autor del que nadie sabía, un mediometraje que el mismo pudo realizar antes de su salto al estrellato, un proyecto desechado, un pecado creativo de juventud... en suma, algo raro raro. Pero la cosa no acaba ahí. El hallazgo debe ser algo que merezca la pena, una "oscura" (vocablo devaluado y prostituido donde los haya, si no es oscuro no merece la pena) y/u "olvidada" (ídem) "obra maestra". Bien es cierto que hay gente que se regodea en el fango y gusta de presumir de omnívoro (consume lo bueno y también lo malo; es un síntoma de pedantería y de prepotencia de muchos, entre los que me incluyo; un ramalazo posmoderno de lo más repugnante), o simplemente de cerdo incotinente que sólo se alimenta de basura, pues, deben pensar, ya hay demasiados ocupados con las obras canónicas como para subirse al carro. Pero, dejando de lado a estos últimos, todo el mundo quiere adelantar o rescatar la próxima obra maestra con el sólo propósito de que, cuando ésta irrumpa en el mercado tiempo después y sea ensalzada por la crítica (sic), el visionario/ arqueólogo en cuestión pueda decir a a través de su amplificador: "Ya os lo dije hace tiempo, el primero de todos, antes que nadie, la obra K del autor H es una obra maestra". Y entonces, este genio de la premeditación volverá de nuevo a su rincón de estudio seguro de que en esos momentos el resto del planeta friki estará diciendo, totalmente admirado, algo así como: "¿Cómo es posible que lo supiera antes que nadie? ¿Cuán vastos conocimientos poseerá este individuo? ¿De dónde saca la información? ¡Menuda comicteca/ videoteca debe tener! ¿Significa eso que sabe japonés o alemán o francés o significa que es un hombre de mundo y que ha viajado/ vivido en tal o cual país?" Pues eso, que hay mucha impostura:
No me cabe la menor duda de que Takashi Miike es el culpable de todo esto.
Con Frank, el cómic que da pie al omnibus que nos ocupa, pasa un poco eso. "Una joya" recuerdo haber leído por ahí. Si lo es, desde luego no está demasiado claro. Yo mismo no sé qué pensar acerca de ella. Es la típica obra que te hace dudar de ti mismo y preguntarte si lo que estás leyendo es una broma de un guasón o algo verdaderamente profundo y de ahí su aparente idiotez. Además, esa frase de Coppola que adorna la portada queda asociada desafortunadamente a la de Umberto Ecco en las aventuras de Dylan Dog. Me encuentro en condiciones de afirmar que Frank es una obra rara. Muy rara o poco rara, todo depende de lo familiarizados que estamos con la rareza. He visto cosas mucho más raras. Así que diré que, para mí, es de una rareza media, de andar por casa. Lo de si es buena o mala, eso es harina de otro costal. Hay obras que se parapetan detrás de su condición de rara, o extraña, u oscura, o de culto, o transgresora (este último término requeriría una entrada para él solito) para descuidar la mayoría de los aspectos que hacen que una obra brille con calidad artística propia y legítima. "Es que es raro/a, tal vez por eso no lo/a entendemos, tal vez por eso nos parece una caca de vaca, es que desafía los cánones, es que es nuevo/a, es que es "meta-"..."
Frank, de Jim Woodring.
La lectura de Frank me queda un poco lejana en el tiempo. Creo que su valor reside en haber creado la ilusión bastante sólida de desarrollarse en un mundo regido por una lógica interna, desconocida para el lector, pero totalmente coherente y factible dentro de su rareza. Nótese que digo la ilusión de, porque basta con eso para hacernos pensar que es una obra maestra; averiguar si la ilusión es verdadera es demasiado complicado y agotador y además a nadie le importa. Pues eso, que parece que el cerdo humanoide y el diablillo y las máscotas con aspecto de radio viejuna tienen un papel asignado y que lo que hacen, provocan y desencadenan en el mundo del gato con cara de pasmado tiene un porqué, que existen las leyes de la causa y el efecto aunque no conozcamos las causas y seamos incapaces de reconocer los efectos. Un poco lo que viene a decirse que en su día consiguió René Laloux con El planeta salvaje (1968):
Los cortos, todos ellos creados por animadores japoneses independientes (o debería decir, en los tiempos que corren, "alternativos"), dignos del festival más moderno y también del más estúpido, son de lo más variopinto. Hay que decir que todos ellos son mudos y que todos ellos rozan la paranoia, que los diálogos se ven sustituidos por una música de lo más rara (léase estridente, paranoica, repetitiva, pero siempre inquietante y acertada) y que hacen gala de todo tipo de técnicas: ordenador, cell-animation, stop motion, recortables, marionetas, animación con arena...
Creo que podemos darnos con un canto en los dientes con una relación de los cortometrajes con su respectivo "título", autor y, de regalo, totalmente gratis, un par de links (también los he dejado a youtube) al dvd (a los del viejo continente les recomiendo comprar en $, les llenará de júbilo).
7. Frank: Kanako Kawaguchi.
8. Frank: Naomi Nagata.
Visions of Frank en Chaletfilms. Y en Atomicbooks. Carátula e interior del coqueto DVD, libtreto incluido.

sábado, 28 de junio de 2008

DE PROFUNDIS

“¡Menudo tiro en el pie se acaba de pegar!”, eso fue lo primero que pensé cuando escuché de boca de Miguelanxo Prado algo así como: “Queríamos hacer algo similar a lo que hace Alexander Petrov”. Creo haber dicho por ahí que Petrov no es santo de mi devoción. Sin duda que es un animador espectacular (esto es, que entra por el ojo: “Es como un cuadro en movimiento, qué realismo”, hemos pensado más de uno al ver algunas de sus animaciones por primera vez; el problema es que, pasados unos minutos, la fascinación inicial desaparece y nos quedamos con un corto más, que nos cuenta una historia más y que… en fin, sostengo que la animación va más allá de un reflejo pseudorealista del mundo material) pero, en conjunto, sus cortometrajes me resultan a veces un tanto amanerados y un tanto huecos, como si levantaran unas expectativas que luego no cumplen. Personalmente, me quedo con el fragmento que hizo para Winter Days, intenso y breve. En cualquier caso, hablar de Petrov es poner el listón muy alto en el terreno de la animación “realista”, y ya de por sí Prado está aceptando un desafío que todas luces va a ser incapaz de afrontar.

Fotograma de El viejo y el mar, de A. Petrov.

Después, pasando los extras del dvd, me encontré con algo así como: “El que no sea capaz de pasar cinco minutos contemplando una puesta de sol no debería ir al cine a ver De profundis”, en boca de uno de los productores, o algo así. Bien… Cómo decirlo… La verdad es que dudo mucho que Chanquete, Jacques Cousteau o el Capitán Nemo, pues no me queda la menor duda que son el tipo de público (el único tipo) que estarían encantados de ver esta película, se tomaran la molestia de pasar por su sala de cine más próxima a verla. Es más, dudo mucho que también aquellos que no son capaces de pasar… “cinco minutos contemplando la puesta de sol…”, tal vez quería decir “mirando el sol cara a cara”. Puede que fuese una broma, porque, en caso de no serlo, es una de las frases más estúpidas y repugnantes que he escuchado en mucho tiempo.
Venga, todo el mundo a mirar 5 minutos.

La frase, al fin y al cabo, no es otra cosa que (al margen de una excusatio no petita) una de las múltiples manifestaciones de lo que he venido a bautizar felizmente como “LA COARTADA DE LO POÉTICO”, que es la verdadera tabla de salvación del cine de filmoteca mal entendido, del ladrillo con ínfulas, del ignorante, del narrador lleno de carencias… “Si te aburres o no lo entiendes, no es porque mi obra sea aburrida o esté mal contada, simplemente es que no estás intelectualmente capacitado para entenderla, te falta la sensibilidad necesaria. Es una obra poética, no sujeta a convenciones narrativas. Ese plano fijo de cinco minutos de un chino montado en un columpio es cine con mayúsculas, y si no lo entiendes es tu problema, yo tengo talento y sé lo que hago”, creo que esto es un buen resumen de lo que significa “La coartada”, que sin duda es el equivalente al ébola o al cáncer o a la bomba atómica o a Cthulhu en mitad de Central Park en el terreno de las artes narrativas, o perfectamente todos ellos juntos y atacando a la vez; lo más dañino que haya parido madre, un insulto en forma de escupitajo en la cara del espectador, y que suena a fracaso artístico de antemano. Como dice Herminio Bola Extra: “No es que la película sea lenta, es que la fotografía es muy buena”. Pues eso, la fotografía de De profundis es un escándalo de buena.

Esta es la cara que se le quedó al pobre Salvador después de ver las obras completas de Bela Tarr, Las páginas del Libro de Satán, La mujer en la Luna y El palabro de una tacada en la filmoteca de su barrio. Por cierto, ¿quién es el tipo ese del bigote?

Otro ilustre asiduo a las filmotecas y a las puestas de sol.

En realidad, resulta demasiado fácil y tentador ensañarse con De profundis. Vaya por delante que Prado es un autor al que profeso gran admiración en el terreno de las viñetas, pero lo que es fuera de la plancha… Empecemos diciendo que la imagen con que se abre el relato es manida, amanerada y cursi; una joya, vamos: una casa en mitad del mar en la que habita una “misteriosa” mujer vestida de bailarina que se sienta al relente de su magnífico porche para tocarle el violoncelo a los delfines que pasan junto a su puerta. Tanto azúcar no puede ser bueno para la salud y, los más importante, todo esto no era necesario desde que Jean-Francois Laguionie dirigió La Demoiselle et le violoncelliste (1965); autor a quien Prado no cita, bien por olvido o escamoteo, y cuya obra es infinitamente más interesante que todas las animaciones sobre cristal de Petrov juntas y puestas una detrás de la otra.

Me salto, por descuido, olvido y desgana, la secuencia anterior, en la que nos vamos acercando poco a poco a la casa, mientras ésta pasa, antes nuestros ojos, del boceto a lápiz al diseño ya terminado, mediante un zoom tan interminable, pesado y previsible como la propia película. Un ejercicio innecesario de metalenguaje, más visto que el TBO. Magnífico epítome, es largo, no ocurre nada y, hasta que llegamos a la casa, nos ha dado tiempo a ver siete puestas de sol, que será siempre una forma mejor de emplear el tiempo que hacerlo en ver esto o en leer estas líneas.
Después tenemos el apoyo y segunda coartada de la música. No seré yo quien ponga reparos a la banda sonora, pero ya es muy viejo eso de usar música orquestal para darle “empaque” a una obra. No desentona, ciertamente, con el tono de la obra, y al fin y al cabo, al haber no haber diálogos, es una necesidad en tanto que hilo conductor y creador de estados anímicos afines al tono y al momento al que ilustran. De todas formas, 2001 ya quedó muy atrás y… Ya digo, no seré yo quien ponga pegas, de hecho, es lo mejor de la obra.

!Viejuno!

El caso es que, superado el tramo de la violonchelista, lo que sigue no es otra cosa que una cadena de cuadros pseudos poéticos unidos por una mínima urdimbre argumental de causa-efecto. Y verdaderamente es aquí donde “La coartada” ha hecho su agosto. Aprovechando que De profundis es una obra “poética”, es decir, con una “fotografía muy buena”, y que desarrolla bajo el mar, y sabido es por todos que debajo del agua todo va más lento, se juntan el hambre y las ganas de comer, y nos encontramos con un producto con el que difícilmente pueden rivalizar los documentales de sobremesa de La 2. Continuamente se busca epatar al espectador con imágenes y situaciones supuestamente poéticas, hermosas… Pero la verdad es que todo responde a una digestión pesada y atolondrada del verdadero hecho poético y, por ende, del lirismo. Verdaderamente hace falta un talento muy especial y unas manos de cirujano para tratar con este tipo de material y salir airoso. No este el caso, y De profundis se queda en la superficie. La verdadera poesía no aflora nunca, entre otras cosas porque el metraje no se ajusta a lo que se cuenta, y esta diferencia y el desastroso manejo del tempo (de lo que también es culpable la discutible técnica de animación empleada) hacen un daño irreparable y oscurecen cualquier posible mérito (que también los hay).

Un buen ejemplo de este uso tópico de recursos visuales investidos de una supuesta cualidad poética lo tenemos en la escena de las rayas, que aparecen impostadas, transfiguradas, en mariposas submarinas. La secuencia es sospechosamente similar a una de El viejo y el mar de Petrov, que, sin ser nada del otro mundo, está ejecutada con un gracejo y una eficacia infinitamente superiores a lo que aquí vemos; digo esto y aprovecho para señalar que El viejo hace un uso mucho más inteligente y medido de los recesos poéticos, ya sean los de corte realista como los oníricos. A veces basta con ver un fotograma para entender en qué consiste el hecho poético, y que no hay necesidad de acudir a imágenes rebuscadas y artificiosas, pues una sencilla puesta de sol sobre el mar contiene en sí todo lo que hemos venido comentando. La poesía está en lo sencillo, y sólo el artista de talento puede ver esto; algo que Prado y compañía parecen haber pasado por alto.

Arriba, De profundis, sobre esta línea y más abajo, El viejo y el mar.

No dejaré de decir que el giro argumental final de la transformación no deja de tener su interés, y que no es un mal final, más bien lo contrario, es un buen final desaprovechado, “atado” a un mal desarrollo. Por otro lado, las ilustraciones y dibujos en casa de la violonchelista despiden un cierto tufillo a metarrelato y a coartada para elaborar posibles lecturas, supuestamente más profundas, supuestamente más complejas, en virtud de que anticipan y/o coinciden con elementos y sucesos posteriores. Que nadie se deje engañar, es un recurso débil y mal elaborado. Algo parecido ya estaba en Trazo de tiza (buen relato que también despide un sospechoso tufillo pesudointelectual).

Trazo de Tiza.

No me alargo más. Habría que preguntarse si Prado en algún momento atisbó cuál sería el resultado de la técnica de animación que ha empleado en De profundis y, si en algún momento lo hizo, por qué no reculó y, en caso de no atisbar nada, si vistos los resultados ha quedado satisfecho. Difícilmente se puede dar a esto último una respuesta afirmativa. La animación es sin duda el mayor lastre de la obra, y no hace falta ser un experto para verlo. No sólo la calida de la animación propiamente dicha, esto es, la fluidez de las imágenes, de los dibujos, en movimiento se ve comprometida, es que esto conlleva una serie de efectos colaterales, de los cuales el más flagrante es la expresividad de los rostros. La animación es lenta y poco fluida, y en todo momento se tiene la impresión de que faltan fotogramas, de que todo los “muñecos” se mueven como a saltos, a trompicones, con torpeza, como si alguien se hubiera colado en el estudio por la noche y hubiera escamoteado varios fotogramas en cada una de las animaciones. Los movimientos resultan excesivamente lentos, acartonados, hasta el punto de ser cómicos, como si de marionetas de movilidad limitada se tratara. Esto se nota especialmente en las escenas de “acción”, llegando a resultar ridículo, torpe, como por ejemplo, en la escena del naufragio, en la que en el tiempo que tarda en caer la ola sobre el barco a uno le ha dado tiempo de irse a contemplar la puesta de sol varias veces y en distintas playas.

También afecta esto a la expresividad de los rostros que, traicionando su cometido, estos es, el de convenir, de transmitir, emociones intensas y medianamente verosímiles, humanas, en sintonía con el propio realismo del diseño de los personajes, resultan cómicas y forzadas por lo limitado y acartonado, más propias de un cartoon de Tex Avery que de un corto del insigne Petrov.

Termino, ahora sí. De profundis, a pesar de su desafortunado resultado, es una obra valiente, ligeramente innovadora, y un rayo de luz y de esperanza para esta industria de animación nuestra tan descarriada. Es de esperar que Prado siga adelante por este camino y que nos sorprenda de aquí a algún tiempo con algo nuevo, enmendando los errores pasados y abriendo una puerta al futuro. Otro tipo de animación se puede hacer en España, es de esperar que esta obra marque el camino de otras que vendrán después.

El viejo y el mar en Youtube

viernes, 27 de junio de 2008

OUT NOW!!

De sopetón, a traición, me entero de que Filmax acaba de lanzar dos largometrajes de Bill Plymptom dentro de una colección con el nombre del autor. El primero, el célebre Mutant Aliens: El segundo, I marriaged a strange person, probablemente su mejor largo hasta la fecha.

Los precios no son tan competitivos como los de Divisa o Llamentol, pero tampoco están nada mal. También en la calle, el recopilatorio de Jonu Media de las pelis de la mítica Touch, que incluye también la de Alegre Juventud. Aunque es una buena noticia, es de lamentar que no se animaran desde un principio a sacar la serie original.

Para terminar, Divisa sigue recuperando clásicos y para el 15 de Julio nos trae Alibaba to Yonjubiki no Tozuku, otro clásico de la Toei de 1971.

Fuente: http://www.zonadvd.com/

lunes, 16 de junio de 2008

LANZAMIENTOS

En julio nos llega esta colección de cortometrajes inspirados en el personaje de DC. Guionistas americanos y animadores japoneses (estudio 4º C entre otros) repiten una fórmula que ya vimos en Animatrix. Algunos nombres ilustres como Y. Kawajiri, S. Kon o M. Yuasa se cayeron del proyecto por razones que no están muy claras.
Divisa sigue a lo suyo y antes de finalizar el mes nos traerá uno de los tres largometrajes inspirados en el manga de Shotaro Ishi(no)mori (creo que el tercero). Manganime clásico. ¿Para cuándo Taro o La isla del tesoro de los animales?
Este último ya está en la calle. Miyazaki al guión y Takahata en la dirección. Un precedente de Totoro, según muchos. En cualquier caso, una obra sensible, amena e ingeniosa. No hace falta mucho para hacer una buena película para niños. Un título singular y altamente recomendable.